Masoquismo emancipador como crítica cultural punk. Masoquismo en el sentido de la asunción del discurso del poderoso por parte del ofendido con talante crítico y provocador. Así Diógenes y los cínicos reapropiándose del calificativo despectivo perros ante el asombro del poderoso que ve cómo se rompe y reinvierte la eficacia de dicho calificativo. Así con el término queer y otros ejemplos de estrategia retórico-política.
De forma anacrónicamente autoconsciente podríamos decir que la posición simbólica de los cínicos (o kínicos) es la de los primeros punkis de la filosofía. Una suerte de materialismo dialéctico entendido como acción directa. Aun reconociendo sus insuficiencias, como la imposibilidad de articular una acción colectiva y un proyecto político, y su endeblez teórica, hay un núcleo contestatario que merece la pena rescatar y que guarda conexión con un ideal más ilustrado: la autonomía individual.
En el régimen de la biopolítica los cuerpos se adaptan a los ritmos cíclicos del comercio y las exigencias del consumo. La violencia de la publicidad nos invita a vencer el hambre, a adaptar los ritmos biológicos a los ritmos de las necesidades de venta de determinados productos. La política ejercida directamente sobre los cuerpos. Consume hamburguesas y, a la vez, adelgaza: te vendemos cremas, cereales sin calorías, galletas sin sabor (la sustancia se ha disuelto en la liquidez de los flujos).
¿Cómo hacer para reapropiarnos de la violencia simbólica ejercida por la publicidad y articular una respuesta punk en forma de un escupitajo a la cara de la publicidad? La posición del humanista clásico es cómica e inservible. Las lecturas esteticistas de la publicidad en clave posmoderna asumen acríticamente la tesis falaz de la post-política, la época post-ideológica, etc. No se sitúan fuera del circuito del consumo como hacen ilusoriamente los humanistas clásicos, pero huyen de la lectura sociopolítica como de una peste anti-cool o una moda desfasada. No obstante, la propia posmodernidad como gran relato del fin de los grandes relatos está desfasada. Los Fukuyamas esteticistas vieron cómo la huelga de los acontecimientos se quebraba con el atentado del 11-S. La historia que había llegado a su fin se reiniciaba. El acta patriótica se merendaba los principios de la democracia liberal priorizando la seguridad en detrimento de los derechos individuales. Y cuando la izquierda ya había aceptado que el capitalismo era el fin de la historia llega la crisis. Y la única respuesta la tiene la ideología del consumo: consumir más. La ilusión de la capacidad ilimitada del consumo y del crecimiento económico sigue en pie. La publicidad se esfuerza en persuadirnos de que la diferencia de precio de las marcas publicitadas con las marcas blancas no tiene que ver con el gasto en marketing, sino con la superior calidad de la marca exclusiva, que conlleva mayores costes de producción. Llegan a insinuar que las marcas blancas no pasan controles de calidad, que por eso son más baratas. Ahora ya nadie fabrica para otras marcas. En el mundo enteramente semiotizado del capital (Tiqqun) es esencial seguir vendiendo signos, asociados simbólicamente con grandes valores: felicidad, belleza, libertad, salud. El programa del idealismo alemán usado como estrategia de marketing: todas las ideas reunidas en la idea de Belleza. La crítica materialista a tanto idealismo publicitario desatado la ejercen los cuerpos. El cuerpo anoréxico es la negación y la verdad de los anuncios que invitan a vencer el hambre. La miseria del idealismo publicitario, empeñado en eliminar todo resto de materialidad, demasiado real para el universo de fantasía construido por el discurso publicitario. Be water, my friend... para acomodarte mejor a los flujos del consumo. Capitalismo líquido, identidades sin restos sutanciales que opongan resistencia.
Presente perpetuo, sin desarrollo narrativo. Loop de la moda y el consumo. Una nueva modalidad de metafísica de la presencia pensada como superación de la temporalidad distintivamente moderna. Todo es instantáneo. Sin embargo, de forma similar a la estructura formal de una canción post-rock, nuestro presente es concebido como la aceleración final de esa temporalidad moderna, el instante decisivo de intensidad alocada que anuncia la revelación apocalíptica final largamente esperada. ¿Concebimos la superación y ruptura de la progresividad lineal dentro de ese mismo esquema progresivo?
En la estética ciberpunk el apocalipsis como acontecimiento final ya ha sucedido, de forma que nos encontramos en las ruinas de un futuro que ya ha tenido lugar: recuerdos de la era espacial. Nostalgia por el futuro perdido. Pero la aceleración no da tregua: el ciberpunk es ahora un resto del pasado, un escenario retro ochentero. Puede ser incluido, no obstante, con sonido de sintetizador viejuno, sampleado, en una nueva imagen de la temporalidad: la música que expresa formalmente nuestra vivencia del tiempo no es ya una canción pop de tres minutos, sino, más allá de la forma acabada de canción, las atmósferas electrónicas repetitivas, los ritmos compulsivos, sin desarrollo, sin catarsis.
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domingo, 14 de junio de 2009
domingo, 15 de marzo de 2009
Oscurantismo teológico mercantil
Quizá habría que hablar de una luminosa Edad Media, si es cierto que el para qué del valor no se refería exclusivamente al valor de cambio (la pregunta que se formula hoy de para qué vale la filosofía planteada con una triste mordacidad y una gran miopía: ¿qué valor adquiere en el mercado?). En la teología mercantil la verdad sobre todas las cosas es su infinita sustituibilidad, la equivalencia de lo diferente y una abstracción salvaje.
¿La pluralidad de formas de vida y el politeísmo de los valores no están subsumidos, al fin y al cabo, en la unidad del consumismo como forma de vida (donde se consumen, eso sí, una pluralidad de signos de pertenencia y de identidad, quizá para paliar los efectos de la estructuración social del aislamiento y llenar rápidamente esa nada que tan plenamente somos, como dírían Tiqqun) y del intercambio mercantil como único vínculo social que queda en pie, dada la necesidad de completar la independencia de los hombres entre sí con un sistema de dependencia material en todos los aspectos (Marx)?
La pura exterioridad de las condiciones de existencia constituye también la ilusión de la pura interioridad
Tiqqun, Teoría del Bloom
La pura interioridad se ha hecho líquida, como diría Bauman (lo dice de todo, así que ¿por qué no de la interioridad?), ha perdido solidez substancial, del mismo modo que el trabajo ha pasado de ser fijo a ser temporal, fluido. Así nos convertimos en Bloom, en eternos adolescentes, siempre en transición. ¿Se adapta nuestra subjetividad al ritmo del capital?
El Bloom comprende únicamente el lenguaje sobrenatural del intercambio. Dirige hacia el mundo una mirada sin ver nada, salvo la nada del valor.
Tiqqun, Teoría del Bloom
Dado que no hay un afuera del mundo de la mercancía, salvo como lugar imaginado (la Edad Media luminosa del principio en parte es sólo una ficción), y que encima puede venderse muy bien (la publicidad, que constantemente nos induce a desear abstracciones que misteriosamente se transustanciarían en objetos materiales usa a menudo una retórica romántico-idealista) ¿qué prácticas, más allá de teorías críticas y utopías comunicativas, serán capaces de transformar el Bloom?, ¿es posible imaginar una forma de comunidad sin nostalgia y sin resucitar a Dios, re-ligarnos sin apelar a una instancia trascendente? De todas formas, la comunidad nunca existió. Y hay que inventarla.
¿La pluralidad de formas de vida y el politeísmo de los valores no están subsumidos, al fin y al cabo, en la unidad del consumismo como forma de vida (donde se consumen, eso sí, una pluralidad de signos de pertenencia y de identidad, quizá para paliar los efectos de la estructuración social del aislamiento y llenar rápidamente esa nada que tan plenamente somos, como dírían Tiqqun) y del intercambio mercantil como único vínculo social que queda en pie, dada la necesidad de completar la independencia de los hombres entre sí con un sistema de dependencia material en todos los aspectos (Marx)?
La pura exterioridad de las condiciones de existencia constituye también la ilusión de la pura interioridad
Tiqqun, Teoría del Bloom
La pura interioridad se ha hecho líquida, como diría Bauman (lo dice de todo, así que ¿por qué no de la interioridad?), ha perdido solidez substancial, del mismo modo que el trabajo ha pasado de ser fijo a ser temporal, fluido. Así nos convertimos en Bloom, en eternos adolescentes, siempre en transición. ¿Se adapta nuestra subjetividad al ritmo del capital?
El Bloom comprende únicamente el lenguaje sobrenatural del intercambio. Dirige hacia el mundo una mirada sin ver nada, salvo la nada del valor.
Tiqqun, Teoría del Bloom
Dado que no hay un afuera del mundo de la mercancía, salvo como lugar imaginado (la Edad Media luminosa del principio en parte es sólo una ficción), y que encima puede venderse muy bien (la publicidad, que constantemente nos induce a desear abstracciones que misteriosamente se transustanciarían en objetos materiales usa a menudo una retórica romántico-idealista) ¿qué prácticas, más allá de teorías críticas y utopías comunicativas, serán capaces de transformar el Bloom?, ¿es posible imaginar una forma de comunidad sin nostalgia y sin resucitar a Dios, re-ligarnos sin apelar a una instancia trascendente? De todas formas, la comunidad nunca existió. Y hay que inventarla.
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